Puta, perra, zorra…son palabras que muchas veces tienen significados diferentes, dependiendo de cómo nos vemos a nosotros mismos, cómo es usado el término, y cómo, como individuos consideramos lo que es una perra. Mi definición personal es que el termino “puta” o “perra” define a una mujer que disfruta su sexualidad, y no tiene inhibiciones en ese aspecto.

No considero necesariamente que la palabra “puta” o “perra” sea sinónimo de “esclava” o “sumisa” aunque una esclava o una sumisa pueden ciertamente ser perras. Sin embargo, ser lujuriosa y desinhibida no indica automáticamente que esa persona sea sumisa. Lejos de eso! De hecho, he conocido a algunas mujeres que eran “perras” y eran muy dependientes de su satisfacción, sus necesidades. Ponían sus prioridades primero a las de servir o someterse al control de alguien mas. Ellas perseguían el sexo simplemente para calmar sus apetitos, y estaban contentas de hacerlo así. Por eso es que me refiero a mi misma como una esclava, lo cual incluye ser una perra entre otras cosas. La diferencia es que yo pertenezco a las que están motivadas a satisfacer a sus dueños.

Dentro de mis relaciones particulares uso el termino “perra”. Usualmente es elegido deliberadamente por mi dueño porque esa palabra saca algo de adentro mio (junto con otro pequeño conjunto de vulgaridades que no voy a mencionar aquí). Me permite la posibilidad de hacerme a la idea que soy una perra, de que encuentro placeres en la oscuridad de los apetitos mas lujuriosos, y que me siento libre y natural sin las cadenas que la sociedad obliga a las mujeres a usar para acomodarse a sus normas morales. Pero no es el único aspecto de mi esclavitud, ni la única palabra que él usa para revelar ese lado de mi personalidad.

Algunas compartirán su lado de perra con una amplia variedad de personas, otras serán perras dentro de una dinámica monógama. Tampoco creo que ser una perra necesariamente implique vestirse mal o tener comportamientos raros. Todas las personas deben tener su propia idea de cómo expresarse, pero en mi caso, yo disfruto vistiéndome en una forma sensual y provocativa, pero no ofensiva a la vista.

La ropa puede ser elegida para mejorar y destacar el cuerpo, para atraer y expresar la propia sexualidad sin ser tres tallas mas pequeña. Una perra puede manejarse con clase y estilo en eventos apropiados, sabiendo que su lujuria y su sexualidad hierven debajo de la superficie. Ella debe saber que en cualquier momento puede ser arrastrada a un lado de la fiesta dentro de una habitación vacía y ser desnudada de esa fachada de refinada dama.

Entonces… ¿porqué la gente se resiste habitualmente a esta palabra? Creo honestamente que en gran parte es por cómo la sociedad define a una perra. Una mujer que es sexualmente abierta, que reconoce sus deseos primitivos, probablemente apartada de una relación tradicional, recibe murmullos a sus espaldas y carga el estigma de perra.

Eso no ocurre frecuentemente con los hombres que tienen numerosas aventuras amorosas, pero cuando la palabra “perra” es usada en contra de una mujer por sus pares, usualmente no es entendida como un cumplido. Lo sé porque yo fui una de esas muchachas que trabajó duro para quitarse la etiqueta de “perra” mientras crecía, y las muchachas que continuaban diciéndomelo significaban para mi que era imposible quitármelo.

Para alguien que lucha con la angustia diaria de la adolescencia y el crecimiento, que busca explorar los deseos que saben son diferentes a lo que la mayoría sostiene y observa como son tratadas las “perras” por sus pares… esa experiencia puede causar una reacción de rechazo hacia esa palabra. No estoy segura que el titulo de “niña buena” me quede, yo solo me transformé en una perra secreta y me aseguré que nadie supiera de mis cosas privadas.

Cuando por primera vez un hombre me llamó perra yo reaccioné de la misma forma que lo hacia cuando las muchachas me lo decían en mi adolescencia. Por suerte, él luego me explicó que no debía avergonzarme de mi sexualidad, y que ciertas definiciones que tenía programadas en mi cabeza serían desafiadas mientras yo avanzara en mi esclavitud. Dentro de mi esclavitud he sido expuesta en formas que no me permitieron sentirme avergonzada acerca de mis vicios y deseos sexuales, sino abrazarlos como parte de lo que yo soy.

Hay una cierta parte de mi que disfruta sabiendo como se siente destapar las cosas que la sociedad espera de las mujeres. Las cosas que podría hacer para complacer a un hombre me estremecen, y no puedo encontrar vergüenza en ello sino una dulce sensación de realización por la mujer que soy. Ya no escondo ese lado de mi ser nunca mas, aunque tampoco se lo restrego a los demás. Cambia como caminas, como te mueves, como te presentas a ti misma a los hombres que esperas te hallen atractiva, siempre esta latente junto con tus otras cualidades.

Hoy día, cuando la gente me llama “perra” o “puta” yo miro mas en el contexto. ¿me conoce esta persona? Si no me conoce…bueno, me podrían poner cualquier adjetivo y yo sabría que no tienen forma de conocer la persona que soy. ¿lo están usando para degradarme o lo hacen para referirse a mi forma de ser lujuriosa? De todas formas, me siento mas inclinada a sonreirles y decir, “si, lo soy” y saber que mi dueño es la única persona que tiene completo y total acceso a mi lado de perra. No me avergüenzo de ser sensual, sexual, desinhibida…esa parte de mi es tan válida como las otras. Dentro de las cadenas de mi dueño….soy libre de mostrar como y quien soy.

Y yo amo ser esa puta.

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